lunes, 2 de junio de 2008

Andrés Calamaro en concierto, Pabellón La Casilla,Bilbao, 31 de mayo del 2008


Gran noche la que me hizo vivir ayer el genial Andrés Calamaro, en un auténtico conciertazo de dos horas y media en las que cantó la mayoría de sus temas más conocidos además de hacer promoción del último disco, La lengua popular. Desde que llegamos a La Casilla y vimos la enorme cola que había para entrar ya intuía que nos esperaba un buen concierto, además tuvimos la suerte de ver a Andrés saliendo del pabellón y montándose en una furgoneta que salió con rumbo desconocido, y también al menudo Fito, que entró corriendo por donde Calamaro acababa de salir hacía unos minutos. Al entrar en el recinto y coger nuestra buen sitio, también vimos a Loquillo en la grada, aunque desapareció al poco tiempo de empezar el concierto. Aunque se suponía que habría un artista invitado como telonero, nadie precedió a Calamaro, que además salió al escenario tres cuartos de hora tarde, aunque hizo bueno el dicho de que lo bueno se hace esperar. La Casilla, sin estar llena hasta la bandera, presentaba muy buen aspecto, y el público (heterogéneo a más no poder) tenía muchas ganas de rock&roll.
Salió Calamaro con una gorra, y en sus forma de moverse durante toda la noche me recordó a una mezcla entre Keith Richards y Bob Dylan. El sonido al principio fue un desastre, pero poco a poco lo fueron arreglando, todo hay que decirlo.
El argentino, en la primera parte del concierto, se dedicó a cantar las canciones del último disco como Cinco minutos más, otras míticas como El salmón, antiguas como Todavía una canción de amor, intercalada con algún temazo como A los ojos, de Los Rodríguez, que hizo las delicias de los más nostálgicos, y a los que Calamaro quiso recordar de especial manera. He de reconocer que de esta primera parte del concierto desconocía algunas canciones, pero la verdad es que me encantó ver a Andrés en plena forma, se le veía agusto en el escenario, además de disfrutar con las cuatro guitarras que en algunas fases del concierto utilizaron. Calamaro, durante toda la noche, fue cambiando entre teclado, guitarra y micrófono a su antojo. No os puedo decir qué canciones fueron con exactitud, porque además de no conocerlas bien en total fueron unas 35 canciones y, por supuesto, me resulta imposible recordar. Socio de la soledad, Día de la mujer mundial, Libertad...esas son algunas.

Después de esta fase de calentamiento en la que quedó patente que el público estaba rendido a los pies del argentino, llegó la que para mí fue la mayor sorpresa de la noche, ya que cuando dijo que iba a subir al escenario un gran artista vasco todos dábamos por hecho que sería Fito, al que habíamos visto entrar, pero no, el que subió, entre una gran ovación, fue Kepa Junkera con su trikitixa, con el que cantó tres canciones, dos la primera vez que subió y otra más cuando volvió a aparecer en el bis. Dos de los temas que tocaron fueron La espuma de las orillas y Soy tuyo, buenas canciones que se convirtieron en mágicas gracias a los vertiginosos dedos del timidísimo Kepa. Fue uno de los momentos más bonitos de la noche, sin duda alguna.

Después de la émoción de la grata sorpresa, entre fuegos artificiales y palomas que nos ven pasar, me disparó al corazón Todo lo demás una de mis preferidas del argentino, y en la que mis amigos y yo intentamos acompañar a Calamaro dejándonos la garganta, la voz...y la vergüenza, por qué no decirlo. Entre otras canciones, en seguida cantó Crímenes perfectos una de las preferidas del mucho público, como pude comprobar. En esta fase el concierto fue ganando temperatura, y los solos de guitarra y los stonianos movimientos del flaco cada vez eran más huracanados. Además, no desaprovechaba oportunidad alguna entre canción y canción para fumarse sus porritos, esos que tanto problemas le dieron en Buenos Aires al incitar a su consumo públicamente, con lo que su felicidad iba en aumento progresivamente.

Más feliz fue, cuando, emocionado, dio la bienvenida al invitado anunciado, Jaime Urrutia, el líder de la extinguida y exitosa Gabinete Caligari, que apareció ataviado de ¿chulapo madrileño?. Urrutia dijo que había elegido Te quiero de entre el repertorio de Andrés, y el techo del pabellón tembló con las gargantas del públicó, cantando a más no poder, especialmente con el guño final a Bob Marley introduciendo el estribillo de No woman no cry. También cantaron juntos Cuatro Rosas, del grupo de Jaime, lo que me encantó por lo mucho que siempre me ha gustado esa canción. Pero el gran momento de la pareja llegó, sin pensarlo dos veces, cuando sonó ésa música de circo que anuncia el principio de El calor del amor en un bar, tema con el que el público disfrutó de lo lindo, formando un auténtico tsunami humano. Nos fracturamos las palmas de las manos despidiendo a Jaime, y el concierto llegó a la penúltima base, más rockera si cabe que la anterior.





Tocó Canal 69, una rock&roll que me encanta, y poco después me quedé duro, porque conocí el Estadio Azteca, y ésta fue una de las que más me toco la fibra, y fue preludio de lo que llegaría después, al final. De esta canción sólo puedo decir que me aplastó ver al gigante, siendo éste Andrés Calamaro. Qué pedazo de canción y qué manera de cantarla. Lo cierto es que hubo momentos del concierto en los que el argentino hizo diabluras con la voz, llegando a tonos que no imaginé pudiera alcanzar. Poco despuéz hizo la falsa despedida de rigor, mientras nadie del público se movía sabiéndose la jugada. Coreamos el nombre de Andrelo como locos, pero mejor hubiéramos hecho si nos hubiéramos guardado la voz para el final...

Volvió a salir Andrés, y entre las canciones que cantó en ésta última parte interpretó Flaca, una canción que nunca me había gustado demasiado y a la que desde ayer le he cogido mucho cariño, cosas que tienen los conciertos. Para el bis volvió a contar con los invitados de nuevo, y como guinda del pastel nos hizo volar a todos con un solo paracaídas, cantando a dúo su mejor canción, Paloma, con un Jaime Urrutia que se equivocó, pero anoche todo se perdonaba. Ya avisé hace algunos días que soy de lágrima fácil, y regué mis mejillas un poquillo, porque los ojos estaban cargados, y porque es muy poco de amor sólo una vez por semana. La verdad es que Paloma se ha colado muy arriba en el ránking de canciones que me hayan sacudido el corazón en un concierto.

Con éste escalofrío acabó un concierto de dos horas y media, lleno de momentos emotivos y grandes canciones, del que saqué, sobre todo, una conclusión, y es que por mucho que hablen (mal) de Calamaro y que digan que ha perdido el norte y demás tonterías, yo lo ví perfecto, con una gran voz, lúcido, concentrado y entregado, haciendo lo que le gusta hacer y como muy pocos lo hacen. Si tengo que sacar algo negativo fue el sonido, que se puede mejorar bastante (es problema del pabellón, pero hay que entender que está construído para que se practique deporte), y si esto se puede echar en cara, que no me tocara Media Verónica, una de las que esperaba con más ganas. Otra vez será, porque tengo muy claro que lo volveré a ver en concierto, seguro.
Fue, en definitiva, un conciertazo que tardaré en olvidar y que seguro que me va a ayudar a escuchar más de lo que lo hacía a éste genio (y figura, mucha) de la música. Un concierto para disfrutar y cantar con los amigos, como él había anunciado.





Aquí os dejo unos vídeos que, como los del otro día, no se ven muy bien pero se escuchan decentemente...

Cuatro rosas con Jaime Urrutia...


Socio de la soledad...


Te quiero con Jaime Urrutia...


Todavía una canción de amor...


Soy tuyo con Kepa Junkera...


Estadio Azteca...


Crímenes perfectos...


A los ojos...


La espuma de las orillas con Kepa Junkera...


El calor del amor en un bar con Jaime Urrutia...



...y Paloma...

2 comentarios:

Irazu dijo...

Gran coronica y muy bien escrita Mikel! La aparicion de Urrutia magistral, de viejo rockero.

Aunque como bien dices falto "Media Veronica" y el sonido era regulero, un concierto para recordar ;)

Señor Pollo dijo...

Que envidia Mikel!!yo quiero ver al Gran Calamaro!!!