miércoles, 3 de febrero de 2010

"The Ballad of Ira Hayes", Johnny Cash


Hoy quiero contaros una historia, la triste historia de Ira Hayes. Ira Hamilton Hayes fue un indio pima que nació en la reserva del Río Gila, en Arizona, en enero de 1923. Interrumpió sus estudios para alistarse en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos en 1942, y estuvo entrenando hasta que finalmente fue enviado a la isla de Iwo Jima, donde se libraría uno los sucesos más trascendentales de la segunda Guerra Mundial.

Aunque era considerado por todos sus compañeros como uno más de ellos, Ira nunca pudo quitarse de encima el peso de ser uno de los únicos indios del ejército norteamericano, lo que alguna vez le llevó a alguna pelea por defenderse de las típicas burlas. Ya por aquel entonces nuestro protagonista tenía cierta tendencia a emborracharse, lo que causó problemas con sus superiores. Cinco días después del desembarco y la invasión de la playa de la isla, tras haber sufrido muchísimas bajas por la resistencia nipona y pensando que estos habían abandonado la isla, un contingente de soldados americanos subió a la cima e izó una primera bandera, lo que los miles de soldados que aguardaban en los barcos, en las trincheras y en la playa celebraron como una victoria. Resulta que un alto mando se encaprichó con esa bandera por su alto valor simbólico, y obligó a un nuevo pelotón (en el que se encontraba Ira) a subir hasta la cima, colocar una nueva bandera y bajarle la original. Cuando llegaron arriba, y ante la sorpresa de los soldados que habían izado la primera bandera, Ira junto a otros cinco compañeros se dispusieron a elevar la nueva, con la suerte de que el fotógrafo Joe Rozenthal inmortalizó el momento.

La fotografía se convirtió en todo un símbolo de la victoria norteamericana en la contienda, y ocupó las portadas de los diarios de medio mundo en pocos días. Sin embargo, las cosas no eran como parecían, y es que ni la guerra había terminado (tuvieron que emplearse a fondo durante un mes más para conquistar definitivamente la isla) ni los seis soldados que aparecían en la famosa foto eran los héroes que la gente imaginaba. Aún así, el Presidente Roosvelt les sacó de las trincheras y los envió a casa como premio a su valentía y, de paso, utilizarlos como gancho publicitario para recaudar dinero para la guerra.

Durante semanas recorrieron el país recibiendo todo tipo de homenajes, pero Ira nunca pudo vencer al sentimiento de culpa que le invadía por no estar luchando junto a sus compañeros, y le comía por dentro el hecho de saber que su único mérito había sido sustituir una bandera que otros ya habían izado previamente, además, algunos de ellos, los auténticos héroes que coronaron la cima, habían muerto en combate. Ira se refugió en el alcohol, y cuando la guerra por fin terminó se convirtió en un habitual de las comisarías. No le gustaba hablar de lo que vivió en Iwo Jima, fue terrible lo que debió de ver, pero siempre recordaba con cariño su paso por los marines en sus continuas borracheras. No fue capaz de llevar una vida normal, y debían gritar con tanta fuerza los demonios que habitaban en su interior que un día echó a andar y recorrió 1300 millas desde la reserva india donde había vuelto hasta la granja de los Block en Texas. Su único propósito era contarle al padre de Harlon Block (un compañero que murió en batalla y fue uno de los que izó la bandera) la verdad sobre lo que sucedió en Iwo Jima, una vez hecho esto, se dio la vuelta y volvió a su casa.

Los años siguientes los pasó vagando, combinando estancias en la comisaría con los frecuentes homenajes que le hacían continuamente, pero él seguía sin perdonarse que había soldados mucho más valientes y capacitados que él que nunca habían vuelto y lo merecían muchisimo más. Llego a aparecer en una película de John Wayne e incluso se escribieron algunos libros sobre la historia del indio que había coronado Iwo Jima, pero murió poco después, en 1955, ahogado en su propia sangre y vómito. Había estado bebiendo y jugando a las cartas hasta tarde, incluso tuvo una discusión, y a la mañana siguiente apareció tirado en la calle, sin vida.

¿Que por qué os suelto este rollo?. Pues resulta que conozco The Ballad of Ira Hayes desde hace muchos años, es una canción que siempre me ha encantado pero sobre la que nunca me había dado por investigar hasta estos días en los que he visto Banderas de nuestros padres, la película sobre la invasión de Iwo Jima dirigida por Clint Eastwood. Me llamó la atención en cuanto escuche el nombre del soldado indio, y a medida que avanzaba la película me di cuenta de que, en efecto, la canción contaba la misma historia que estaba viendo.

Tirando de Wikipedia descubrí que, en contra de lo que yo siempre había pensado, The Ballad of Ira Hayes no era una canción de Johnny Cash, si no que él simplemente versionaba un tema original de Peter LaFarge... Sea como fuere, no imagino una voz más apropiada que la del bueno de Johnny para contarnos la tristísima historia de nuestro amigo Irah Hayes...

4 comentarios:

illeR dijo...

: O

Interesantisima historia, no tenia ni idea

Mikel dijo...

Pues si Iller, a mi me encanta la historia... Se le acaba cogiendo cariño al bueno de Ira...

Ismael Parras Ramirez dijo...

El artículo es muy bueno, da la casualidad de que estoy leyendo la autobiografia de Johnny Cash y voy justo por la parte en la que habla de Peter Lafarge, era descendiente de indios Hopi e hijo del escritor Oliver Lafarge, que ganó el Pulitzer con Laughing boy, un saludo.

Mikel dijo...

Hola Ismael!
Muchas gracias!
La autobiografía de Johnny Cash es una de mis asignaturas pendientes, a ver cuándo le echo el guante.
Un saludo, y gracias por pasarte y animarte a comentar.